Potomac
Se cansó de mostrármelo y yo no le hacía caso. Quién quiere ver un río tan intrascendente? La veía a ella! A eso era a lo que había venido las mil veces que tomé un vuelo para estar en DC por seis horas, por una noche, por un par. Me preguntaba qué iba a hacer yo en esta ciudad y no sabía. Pero vendría a estar con ella. Eso ya estaba decidido.
Un día, con toda la pena, se lo dije: el Potomac es un río gris, Carmen Helena, no importa si hace un buen o un mal día. Lo que pasa es que tú adoras a esta ciudad.
Me subió a un mirador. Lo vimos desde DC y desde Virginia. Lo comentaba y admiraba en voz alta. Y, la verdad, yo no era capaz de apreciarlo, ni me importaba. Me importaba la piloto que me llevaba en el carro. Así que empecé a seguirle la corriente.
Una noche, caminando en uno de los monumentos, nos sentamos en su ribera y con las nubes, poco a poco, el cielo emblanqueció y, con él, el río, que, además, de pronto parecía que flotaba.
Caí en cuenta de que ese río ha sido fundamental para la historia de este país, Guerra de Secesión incluida. Y que si no reparaba en él, quizás no iba a poder descubrir el mundo que me esperaba.
Ahora que vivo oficialmente en DC, algunos días de invierno se han adelantado en otoño, y me he dado cuenta de que, tal como Carmen Helena me advertía, el río cambia de color.
He tenido que aceptar frente a ella que era yo quien no podía verlo.
Lo que no le dije fue que aún prefiero contemplarla a ella.
A veces vemos pero no observamos… y además todo se ve diferente dependiendo del o de la piloto que tenemos al lado. 💞
ReplyDeleteJajaja en mi caso, la piloto es enceguecedora
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