Suspendido

Me he despertado en mitad de la noche sin tener muy claro dónde estoy. Tengo meses viajando. Mudándome a un piso de soltero, quedánbdome en hoteles, tomando acviones, empacando y revisando objetos, libros, textos, fotografías que me transportan a los más diversos episodios de mi vida. Fueron meses de dormir poco, así que en las madrugadas mi sueño era un duermevela. Ahora duermo y las alertas de mi cuerpo y mi mente se relajaron. Debe ser por eso que al despertar, en mitad de la noche, me doy el lujo de no saber dónde estoy. Todo está completamente oscuro, porque Carmen Helena duerme exquisítamente y disfruta de que la noche sea tan negra como se pueda. Yo recuerdo que estoy en Washington, aunque en realidad estoy suspendido. Recuerdo a mi padre y pienso que estaría orgulloso si estuviese vivo. Ya me sé de memoria el camino hacia el súper más cercano. Algo es algo. Pero en mi mente se yuxtaponen las autopistas de Miami, las calles de La Candelaria, las colinas de Bristol, y algunos pasajes que debo haber visto en películas o aún estoy soñando mientras me ubico. Carmen Helena duerme como si se tratara de su momento preferido. Ni dormida deja de sonreír. Duerme boca arriba y cruza sus brazos como los muertos en las urnas. Pienso que con la sonrisa que tiene tendría un epitafio que diría siempre trató de ser feliz. Dicen que en las noches es que aparecen nuestros fantasmas. Y es cierto. Yo lo he vivido. Esta vez, la noche me hace más bien preguntas. Y me da una señal. Ese ángel travieso que me acompaña.

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